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Mostrando entradas de febrero, 2026
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ACEPTALO   Aceptar no es aplaudir lo que estás viviendo. No tiene que gustarte. Puede que no quieras estar ahí. Puede que estés triste, enfadado, decepcionado. Y tienes derecho a sentirlo. Más aún: si ha llegado a tu vida, probablemente te toca atravesarlo. Lo que no puedes hacer es instalarte ahí. Porque hay una verdad incómoda: si te peleas con la realidad, la realidad siempre gana. El primer paso para cualquier progreso no es el optimismo. Es la aceptación . Aceptar: – Lo que estás viviendo. – Lo que estás sintiendo. – El punto exacto en el que estás. Desde ahí sí puedes planificar salidas. Buscar enfoques nuevos. Pedir ayuda. Tomar decisiones. Pero si te quedas en el “no es justo”, en el “no es mi culpa”, en el “esto no debería estar pasando”… Puede que el papel de víctima te alivie un rato. Pero no construye nada. Y además, agota. Piensa en esa persona que siempre te cuenta lo horrible que le pasa. Sales de esa conversación drenado. Vivir ahí no tra...
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Me pasa cada cierto tiempo. Creo que ya soy un ser de luz . Que estoy iluminada. Que nada me tumba. Y entonces… la vida sonríe con ironía. Empiezas un proyecto nuevo. Una clínica nueva. Un entorno distinto. Y lo que empieza como ilusión… se transforma en miedo. No conoces a tus compañeros. No sabes qué están pensando. No sabes si encajas. Y aparece ella. La loca de la mente . “¿Ves? No sirves para esto.” “Ya estás otra vez nerviosa.” “¿Cómo puede una simple extracción hacerte temblar si llevas años trabajando?” Y ahí estás. Con la boca seca. Las manos frías. El corazón acelerado. Y lo peor no es el síntoma. Es pensar: “¿De qué ha servido todo el trabajo personal si vuelvo a estar aquí?” Pero esta vez no es igual. Porque aunque parezca la casilla uno… no lo es. Sí, puedes tener la misma pataleta. Sí, los síntomas pueden volver. Pero ahora reconoces la voz. Ahora sabes que no eres ella. Sabes que puedes cuestionarla. Sabes que los pensamientos no son he...
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  NO estás triste, estás distraído En un momento de mi vida me leía y escuchaba todo lo que fuera de desarrollo personal . Hubo cosas que me sirvieron en su momento, otras que descarté y alguna que se me quedó grabada. Como una charla que vi de la psicóloga Pilar Sordo . Ella contaba una experiencia en su consulta. Un paciente ciego de 40 años estaba deprimido y ella le pidió que escribiera en una libreta las cosas buenas que le pasaran durante una semana. Pilar explicó que, cuando el paciente se fue, se arrepintió de haberle mandado la tarea. Pensó que no podría hacerla. Que quizá había sido demasiado para el. Pero a la semana volvió con un maletín lleno de cuadernos completamente escritos. Había anotado todas las cosas buenas que le habían pasado. Dijo que se sentía mucho mejor. La lista era algo así como: La sensación del agua caliente en la ducha de la mañana. El olor del café al prepararlo. La sensación del café en los labios. No le había ocurrido ningún gra...
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  Celebrate: enamórate de ti (por San Valentín… y por salud mental) Escuchando un podcast de Erika de la Vega (En defensa propia) donde entrevistaba a Walter Riso, psicólogo y autor del libro Enamórate de ti , me quedé pensando en este concepto tan sencillo y tan potente: enamorarme de mí, la persona con la que voy a compartir toda la vida. Walter habla de cuatro pilares de la autoestima : Autoconcepto : lo que piensas de ti misma. Autoimagen : cuánto te agradas. Autorefuerzo : cuánto te premias por lo que logras. Autoeficacia : la confianza que tienes en ti para enfrentar retos. Si te hablas constantemente mal, minimizas tus logros y cuando te miras al espejo ves a tu enemiga… es muy difícil tener una autoestima sana . Quererse a veces requiere trabajo. Pero es un trabajo que se siente bien. El primer paso es auditar tus pensamientos . Tus palabras sí importan, aunque no las digas en voz alta. No conozco a nadie que me haya tratado tan mal com...
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Síndrome del impostor Si sientes que no mereces estar donde estás, que tus aciertos han sido simple suerte y vives con la sensación constante de que en cualquier momento alguien te va a desenmascarar y todo el mundo sabrá que no deberías estar ahí… lamento decirte que probablemente tienes el síndrome del impostor. Aunque, sinceramente, creo que debería llamarse síndrome de la impostora , porque más del 80 % de las personas que lo han vivido son mujeres con cargos de responsabilidad, según la coach de liderazgo Frances Fei. Lo cierto es que me puse a leer más sobre este tema y resulta que alrededor del 50 % de los estudiantes y profesionales de la odontología sienten o han sentido esta sensación de no merecer. Los números escalan de forma desproporcionada si incluimos a las personas PAS (personas altamente sensibles), por su alta predisposición al perfeccionismo como forma de controlar la incertidumbre. Este sentimiento es una distorsión de la realidad. No es verdad que no est...
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  Mi derecho a sentirme ofendida Un día, en mi búsqueda por hacer desaparecer la sensación de miedo que me inundaba cada día de mi vida (después entendí que se trataba del síndrome del impostor ), me topé con un audio de una conferencia del Dr. Wayne Dyer ¹, un personaje que me encantó por su forma sencilla de expresar las cosas. Entre todo lo que decía, hubo algo que se me quedó grabado y que, además, me hizo mucha gracia: la mayoría de las personas vamos por el mundo buscando oportunidades para sentirnos ofendidos. Incluso defendemos nuestro derecho a estar ofendidos. Parece un chiste, pero era exactamente así como pasaban mis días. Yo era una víctima del mundo en el que vivía, y darme cuenta de esto me hizo repensar muchas cosas. Me di cuenta de que iba por la vida buscando cómo sentirme ofendida por lo que me pasaba. Las personas que me rodeaban y las situaciones que me acontecían tenían la culpa de todos mis dramas (mentales, todos). Y claro, eso me hacía muy merecedora ...
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                 Foto tomada justo en el momento de llegar a casa y escribir esto. Recomenzar para reconectar Siempre subestimo lo difícil que es empezar algo nuevo. Y mira que he empezado cosas. Desde que me fui de Venezuela no he dejado de buscar mi lugar. No un sitio físico, sino una forma de aportar al mundo que sea coherente conmigo. Vengo de una familia muy pragmática y, durante años, yo he sido “la brujita” de la casa. La que se hacía preguntas profundas, la que necesitaba explicaciones con alma, la que sentía que lo etéreo también era real. Con el tiempo entendí que eso no era casualidad, sino una característica muy común en personas PAS. Y hace poco decidí alinear mi profesión con todo esto. Pensé que lo más difícil sería renunciar a los lugares seguros: donde conocía los procedimientos, donde todo era automático, donde el cuerpo ya no pensaba. Pero no. De los creadores de “dale, tú puedes” llega la secuela: “sí, pue...
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  A tomar por C&%$ el ikigai Puede parecer que me he vuelto loca. Y no sería raro, porque vivimos en un mundo donde, si repites algo con suficiente convicción, pasa a ser una verdad. Pero no. No me he vuelto loca. O al menos, no más de lo normal. Durante mucho tiempo me frustró sentir que no encontraba mi propósito . Según los japoneses, todos tenemos uno. Y yo no dejaba de ser la persona sin propósito. No encontraba una pasión clara por mi profesión. Esa chispa que se supone que tienes que sentir por aquello a lo que te dedicas. Incluso llegué a escribir un post sobre el ikigai… y aquí estoy, años después, sin haberlo encontrado. Y claro, una intenta ser muy zen. “Ya llegará”. “Confía”. “Todo se alinea”. Pero vivir constantemente buscando tu propósito , tu pasión , eso que te define … cansa. Un día escuché una entrevista de Oprah Winfrey a Elizabeth Gilbert (autora de Come, reza, ama ) y algo dentro de mí se relajó por primera vez en mucho tiempo. E...
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Cerrar una etapa también es escucharse Este jueves 29/01 fue el último día en el que colaboré en una clínica que fue mi casa durante seis años. Y, honestamente, lo he vivido como un divorcio. Desde hacía meses —quizá años— sabía que ahí ya no tenía que estar. Pero también sabía que era cómodo. Lo conocía todo: la rutina, el equipo, la forma de trabajar, la seguridad que da lo previsible. Y una se va repitiendo: “no está tan mal” . Y es verdad. No está tan mal para algunas personas. A mucha gente le funciona. Pero ya no era para mí. Hasta que un día me vi yendo a trabajar con ganas de llorar. Y ahí lo entendí todo. Que ya estaba bien. Que escucharme no era un capricho, era una necesidad. Con muchas dudas —que todavía tengo— dije adiós a una etapa importante de mi vida y empecé otra. Con miedo, sí. Pero también con ilusión. Con la sensación de estar viviendo de una forma más coherente conmigo misma. De esta clínica me llevo amigas increíbles y aprendizajes que se quedan conmig...