Mi derecho a sentirme ofendida

Un día, en mi búsqueda por hacer desaparecer la sensación de miedo que me inundaba cada día de mi vida (después entendí que se trataba del síndrome del impostor), me topé con un audio de una conferencia del Dr. Wayne Dyer¹, un personaje que me encantó por su forma sencilla de expresar las cosas.

Entre todo lo que decía, hubo algo que se me quedó grabado y que, además, me hizo mucha gracia: la mayoría de las personas vamos por el mundo buscando oportunidades para sentirnos ofendidos. Incluso defendemos nuestro derecho a estar ofendidos.

Parece un chiste, pero era exactamente así como pasaban mis días.

Yo era una víctima del mundo en el que vivía, y darme cuenta de esto me hizo repensar muchas cosas. Me di cuenta de que iba por la vida buscando cómo sentirme ofendida por lo que me pasaba. Las personas que me rodeaban y las situaciones que me acontecían tenían la culpa de todos mis dramas (mentales, todos).
Y claro, eso me hacía muy merecedora de “sentirme ofendida”, con toda la razón del mundo, y así lo hacía saber a quien me preguntara cómo me iba.

Cuando tomé conciencia de esto sentí que había ganado algo importante. Supe que quería retomar la responsabilidad de mi vida. Ya no quería que la vida me pasara como si yo no tuviera ninguna decisión en ella.

Y ahí comenzó un camino largo, que sigo caminando y que probablemente recorreré toda la vida.

Como por algún lado tenía que empezar, decidí no quejarme más. Decidí no culpar a las situaciones ni a las personas de lo que, a mi parecer, iba mal en mi vida. Decidí creer que siempre hay otra manera de ver las cosas y estar dispuesta a intentarlo.

Lo primero que adopté en esta búsqueda fue esta idea:
las cosas no me pasan a mí, las cosas pasan y yo les doy el significado.
Nadie me ofende a mí. La gente habla y yo decido qué significado darle.

Esto lo sigo intentando cada día de mi vida. Cuando comienzo a sentirme ofendida o víctima de una situación, me repito:
esto no me está pasando a mí, esto simplemente está pasando.
Y yo tengo el poder de verlo de otra manera, incluso de sacar aprendizaje.

No digo, ni de lejos, que lo logre siempre.
Pero cada día lo logro un poco más.
Y las cosas empiezan a verse diferentes.

¹ Psicólogo, autor y conferencista que me ha acompañado en muchos trayectos de coche con sus libros y audios.

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