A tomar por C&%$ el ikigai

Puede parecer que me he vuelto loca.
Y no sería raro, porque vivimos en un mundo donde, si repites algo con suficiente convicción, pasa a ser una verdad.

Pero no.
No me he vuelto loca. O al menos, no más de lo normal.

Durante mucho tiempo me frustró sentir que no encontraba mi propósito.
Según los japoneses, todos tenemos uno.
Y yo no dejaba de ser la persona sin propósito.

No encontraba una pasión clara por mi profesión.
Esa chispa que se supone que tienes que sentir por aquello a lo que te dedicas.
Incluso llegué a escribir un post sobre el ikigai… y aquí estoy, años después, sin haberlo encontrado.

Y claro, una intenta ser muy zen.
“Ya llegará”.
“Confía”.
“Todo se alinea”.

Pero vivir constantemente buscando tu propósito, tu pasión, eso que te define… cansa.

Un día escuché una entrevista de Oprah Winfrey a Elizabeth Gilbert (autora de Come, reza, ama) y algo dentro de mí se relajó por primera vez en mucho tiempo.

Elizabeth contaba que, después del éxito del libro, daba muchas charlas sobre la pasión, el propósito y cómo encontrar aquello que te hace vibrar.
Hasta que una chica le escribió diciéndole que había salido de una de esas charlas peor que antes.

Le decía algo así como:
“Vengo buscando inspiración y salgo con más frustración. Todo el mundo habla de encontrar tu pasión, de que la vida es fácil cuando la encuentras… y yo no la tengo. ¿Qué pasa conmigo?”

Ahí Elizabeth cayó en la cuenta de algo importante:
aunque su intención era inspirar, ese discurso podía generar justo lo contrario en muchas personas.

Se dio cuenta de que conocía muchísima gente sin un propósito claro, sin una gran pasión definida…
y aun así, eran personas plenas.
Curiosas.
Vivas.
Apasionadas de la vida, no de una etiqueta.

Personas que habían tenido muchos trabajos, muchos intereses, muchos caminos.
Y nada les faltaba.

A partir de ahí dejó de hablar tanto de pasión y empezó a hablar de curiosidad.
De estar abierta a lo que te llama.
De seguir el camino hasta donde te lleve, sin exigirle que sea “el camino definitivo”.

Eso fue, sinceramente, de lo más liberador que he escuchado nunca.

Porque quizá no hace falta tener una única pasión que te impulse.
Quizá no pasa nada si no sabes qué harías “aunque no te pagaran”.
Quizá no todos nacimos para vivir de un propósito claro y brillante.

Quizá basta con que te apasione la vida.

Así que he decidido eso:
ser una persona curiosa.
Probar cosas.
Seguir lo que me interesa hasta donde llegue.

Y si por el camino me tropiezo con mi propósito, genial.
Y si no… también.

De momento, con cariño pero con firmeza:
a tomar por C&%$ el ikigai.

Comentarios

Entradas populares de este blog