Nadie viene a salvarte
Muchos de nosotros, en algún momento de nuestra vida, pensamos que alguien vendrá a salvarnos.
Cuando somos pequeños, tenemos claro que serán nuestros padres. Después creemos que alguien nos encontrará, descubrirá nuestro talento y le enseñará al mundo lo buenos que somos.
Creo que esa necesidad de sentir que alguien nos sostendrá explica, en parte, por qué el discurso socialista cala tan profundamente en la sociedad. La idea de que el Estado nos protegerá si nosotros no podemos resulta tremendamente reconfortante. Nos devuelve a ese lugar en el que sentimos que siempre habrá alguien cuidando de nosotros.
Pero la realidad rara vez funciona así.
Lo cierto es que nadie viene a salvarte.
Si eres un adulto funcional, las oportunidades tienes que salir a buscarlas. Tienes que salvarte tú mismo. Tu futuro depende, en gran medida, de ti. Es una realidad que cuesta aceptar y que algunas personas nunca llegan a aceptar del todo.
Los venezolanos, sin embargo, lo tenemos muy claro.
La reciente tragedia que devastó ciudades enteras volvió a recordárnoslo. En realidad, llevamos décadas aprendiéndolo. El gobierno se ha encargado de dejar claro, año tras año, que si queremos salir adelante tendremos que hacerlo nosotros mismos.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Los que estaban dentro arriesgaron sus vidas para salvar a sus vecinos. Los que estábamos fuera nos organizamos para canalizar ayuda, recaudar fondos y coordinar iniciativas con una capacidad de organización digna de cualquier gobierno del primer mundo.
Nadie esperó a que apareciera un salvador.
Simplemente hicimos lo que había que hacer.
Por eso creo que los venezolanos saldremos de esta tragedia. No porque sea fácil ni porque el sufrimiento sea menor, sino porque hace tiempo entendimos que nadie vendrá a rescatarnos. Y, paradójicamente, esa actitud puede ser precisamente la que termine salvándonos.
Me parece terrible todo lo que ha tenido que vivir Venezuela. Ojalá ningún país tuviera que aprender una lección así.
Pero, si podemos extraer algo de tanto dolor, quizá sea esto: nuestro futuro no empieza a cambiar cuando aparece alguien dispuesto a salvarnos. Empieza a cambiar el día que dejamos de esperarlo.
Porque nadie viene a salvarte.
Y aunque esa parezca la peor de las noticias, en realidad puede ser la mejor.
Significa que el futuro sigue estando en tus manos.

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