Venezuela duele. Quieras o no Hay algo que nunca había dicho en voz alta. Durante años me repetí que Venezuela ya no me dolía. Soy emigrante venezolana en España desde hace veinte años. Aquí hice mi vida adulta. Aquí nacieron mis hijos. Ellos no conocen la tierra donde yo crecí. España es su país y, por eso mismo, también es el mío. La quiero profundamente y agradezco cada día la vida que he construido aquí. Pero una cosa no quita la otra. Durante mucho tiempo me convencí de que Venezuela ya no significaba nada para mí. Que era un capítulo cerrado. Que ya no tenía nada que ofrecerme. Hoy sé que era mentira. Y, al mismo tiempo, entiendo por qué necesitaba creerlo. Venezuela me había roto el corazón demasiadas veces. Me dolía ver cómo mataban a estudiantes que solo pedían vivir en democracia. Me dolía ilusionarme en cada elección para volver a despertar con la sensación de que nada había cambiado. Me dolía sentir que nos robaban el país delante de nuestros ojos sin que pudiéramos h...