Encajar hasta deformarnos: La lección de un cerrojo mal puesto"
A veces, la vida te da lecciones de la forma más inesperada. Hace poco, en un restaurante, vi un cerrojo en una puerta que me hizo reír. Alguien había hecho un esfuerzo increíble para colocarlo mal; de hecho, era mucho más difícil instalarlo de esa forma que hacerlo correctamente. Tuvieron que forzar la madera y la pieza para que, de algún modo, "encajara".
Hoy esa imagen volvió a mi memoria. Me di cuenta de que últimamente estoy haciendo un esfuerzo agotador para encajar en una clínica. A pesar de que el equipo es excelente, el método me apasiona y ofrecen alternativas terapéuticas integrales maravillosas, yo no me siento cómoda. No se siente natural.
¿Por qué, si todo parece "perfecto", se me hace tan difícil estar ahí?
Lo que solemos olvidar es que dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo. No tiene que haber "buenos" y "malos". Simplemente puede que no encajemos, o al menos no en este momento vital. A veces es un problema de sincronía: no estamos en la misma etapa que el proyecto, y eso está bien.
Algo puede ser genial y, aun así, no ser para ti. Quizás falta más recorrido para coincidir, o quizás nuestros caminos simplemente van en direcciones distintas.
Me vino a la cabeza cómo, en muchas ocasiones, he querido "encajar hasta deformarme", perdiendo mi esencia y mi función, tal como ese cerrojo que, al final, ya no sirve para cerrar nada.
Vinimos a la vida a buscar nuestro lugar y nuestro momento. Los fracasos solo son tales si no aprendemos nada de ellos. Hoy elijo no deformarme.

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