Vulnerabilidad en la consulta: ¿sí o no?

En los últimos años se habla mucho de vulnerabilidad.
En liderazgo. En relaciones. En desarrollo personal.

Pero cuando trabajas en una profesión sanitaria, la pregunta no es tan simple:

¿Es buena idea ser vulnerable en la consulta?

Lo que aprendí sobre vulnerabilidad

Hace un tiempo escuché a Brené Brown hablar sobre cómo la vulnerabilidad puede ser una puerta al crecimiento.
Una de sus ideas más potentes es que la vergüenza no sobrevive cuando encuentra empatía.

Y eso es cierto.

Compartir nuestros miedos en un entorno seguro puede aliviar, conectar y humanizar.

Pero hay una parte de la conversación que a veces se simplifica demasiado.

Cuando la vulnerabilidad no es crecimiento

Hubo una etapa de mi vida en la que yo tenía una gran necesidad de conexión.
Buscaba empatía.

Si alguien compartía algo personal conmigo, yo también me abría.
Sin filtro.
Sin preguntarme si ese era un espacio seguro.
Sin preguntarme si la otra persona tenía la capacidad emocional para sostener lo que yo estaba entregando.

Y aprendí algo importante:

No todo el mundo quiere tu vulnerabilidad.
Y no todo el mundo sabe sostenerla.

Cuando compartimos algo íntimo en el lugar equivocado, lejos de sentir alivio, podemos sentirnos más expuestos, más solos o incluso desmoralizados.

Ahí entendí que la vulnerabilidad no es contarlo todo.
Es saber dónde contarlo.

La vulnerabilidad en profesiones sanitarias

En profesiones como la odontología (y en general en el ámbito sanitario), trabajamos en un entorno altamente estructurado:

  • Protocolos

  • Expectativas

  • Evaluación constante

  • Responsabilidad clínica

Además, sostenemos diariamente las emociones de otras personas.

Sostenemos miedo.
Sostenemos dolor.
Sostenemos incertidumbre.

Nos convertimos en el lugar seguro del paciente.

Y eso implica algo importante:
la consulta no siempre es el espacio adecuado para nuestra propia vulnerabilidad.

La relación terapéutica tiene límites.
Y esos límites también protegen al profesional.

Vulnerabilidad no es desregulación

Ser vulnerables no significa desbordarnos.
No significa compartir nuestra inseguridad en medio de un procedimiento.
No significa buscar validación en el paciente.

Significa reconocer lo que sentimos… y elegir conscientemente dónde procesarlo.

Porque también nosotros necesitamos espacios donde nuestras emociones puedan existir sin juicio:

No para descargar sin filtro.
Sino para integrar.



Entonces, ¿vulnerabilidad sí o no?

Sí.
Pero con criterio.

Sí, en espacios donde haya empatía y capacidad de sostén.
No, cuando compromete el encuadre profesional.
No, cuando nace desde la necesidad urgente de ser validados.

La vulnerabilidad madura no es exposición indiscriminada.
Es intimidad con límites.

Y en profesiones donde sostenemos tanto a otros, elegir bien dónde sostenernos nosotros es una forma profunda de autocuidado profesional.

Porque la pregunta no es si debemos ser vulnerables.
La pregunta es: ¿con quién, cuándo y para qué?


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