Mi derecho a sentirme ofendida
Hubo una época en la que vivía con una sensación constante de miedo.
No sabía muy bien de dónde venía ni cómo gestionarla. Con el tiempo entendí que tenía mucho que ver con el síndrome del impostor, pero en ese momento solo sabía que algo no iba bien.
En esa búsqueda por entenderme mejor, un día me encontré con un audio del Wayne Dyer.
Me llamó la atención su forma de explicar las cosas: sencilla, directa.
Y entre todo lo que decía, hubo una idea que se me quedó grabada:
muchas personas van por la vida buscando motivos para sentirse ofendidas.
Me hizo gracia al principio.
Pero después… me hizo pensar.
Porque, siendo honesta, así era como yo estaba viviendo.
Me sentía víctima de lo que pasaba a mi alrededor.
Las situaciones, las personas, el contexto… todo parecía tener la culpa de cómo me sentía.
Y desde ahí, claro, tenía todo el “derecho” del mundo a sentirme ofendida.
Pero darme cuenta de esto cambió algo.
Entendí que, aunque no podía controlar todo lo que pasaba fuera, sí podía empezar a observar cómo lo interpretaba yo.
Así que decidí empezar por algo muy básico:
dejar de culpar.
No a la perfección, no de golpe.
Pero sí con intención.
Empecé a repetirme una idea:
Las cosas no me pasan a mí.
Las cosas pasan…
y yo les doy el significado.
Nadie me ofende .
La gente dice o hace cosas… y yo interpreto.
Sigo en el proceso.
No siempre lo consigo.
A veces vuelvo al mismo lugar de antes.
Pero cada vez me doy cuenta antes.
Y cada vez me resulta más fácil salir de ahí.
Y poco a poco…
las cosas empiezan a sentirse diferentes.

Comentarios
Publicar un comentario