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  Mi derecho a sentirme ofendida Un día, en mi búsqueda por hacer desaparecer la sensación de miedo que me inundaba cada día de mi vida (después entendí que se trataba del síndrome del impostor ), me topé con un audio de una conferencia del Dr. Wayne Dyer ¹, un personaje que me encantó por su forma sencilla de expresar las cosas. Entre todo lo que decía, hubo algo que se me quedó grabado y que, además, me hizo mucha gracia: la mayoría de las personas vamos por el mundo buscando oportunidades para sentirnos ofendidos. Incluso defendemos nuestro derecho a estar ofendidos. Parece un chiste, pero era exactamente así como pasaban mis días. Yo era una víctima del mundo en el que vivía, y darme cuenta de esto me hizo repensar muchas cosas. Me di cuenta de que iba por la vida buscando cómo sentirme ofendida por lo que me pasaba. Las personas que me rodeaban y las situaciones que me acontecían tenían la culpa de todos mis dramas (mentales, todos). Y claro, eso me hacía muy merecedora ...
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                 Foto tomada justo en el momento de llegar a casa y escribir esto. Recomenzar para reconectar Siempre subestimo lo difícil que es empezar algo nuevo. Y mira que he empezado cosas. Desde que me fui de Venezuela no he dejado de buscar mi lugar. No un sitio físico, sino una forma de aportar al mundo que sea coherente conmigo. Vengo de una familia muy pragmática y, durante años, yo he sido “la brujita” de la casa. La que se hacía preguntas profundas, la que necesitaba explicaciones con alma, la que sentía que lo etéreo también era real. Con el tiempo entendí que eso no era casualidad, sino una característica muy común en personas PAS. Y hace poco decidí alinear mi profesión con todo esto. Pensé que lo más difícil sería renunciar a los lugares seguros: donde conocía los procedimientos, donde todo era automático, donde el cuerpo ya no pensaba. Pero no. De los creadores de “dale, tú puedes” llega la secuela: “sí, pue...
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  A tomar por C&%$ el ikigai Puede parecer que me he vuelto loca. Y no sería raro, porque vivimos en un mundo donde, si repites algo con suficiente convicción, pasa a ser una verdad. Pero no. No me he vuelto loca. O al menos, no más de lo normal. Durante mucho tiempo me frustró sentir que no encontraba mi propósito . Según los japoneses, todos tenemos uno. Y yo no dejaba de ser la persona sin propósito. No encontraba una pasión clara por mi profesión. Esa chispa que se supone que tienes que sentir por aquello a lo que te dedicas. Incluso llegué a escribir un post sobre el ikigai… y aquí estoy, años después, sin haberlo encontrado. Y claro, una intenta ser muy zen. “Ya llegará”. “Confía”. “Todo se alinea”. Pero vivir constantemente buscando tu propósito , tu pasión , eso que te define … cansa. Un día escuché una entrevista de Oprah Winfrey a Elizabeth Gilbert (autora de Come, reza, ama ) y algo dentro de mí se relajó por primera vez en mucho tiempo. E...
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Cerrar una etapa también es escucharse Este jueves 29/01 fue el último día en el que colaboré en una clínica que fue mi casa durante seis años. Y, honestamente, lo he vivido como un divorcio. Desde hacía meses —quizá años— sabía que ahí ya no tenía que estar. Pero también sabía que era cómodo. Lo conocía todo: la rutina, el equipo, la forma de trabajar, la seguridad que da lo previsible. Y una se va repitiendo: “no está tan mal” . Y es verdad. No está tan mal para algunas personas. A mucha gente le funciona. Pero ya no era para mí. Hasta que un día me vi yendo a trabajar con ganas de llorar. Y ahí lo entendí todo. Que ya estaba bien. Que escucharme no era un capricho, era una necesidad. Con muchas dudas —que todavía tengo— dije adiós a una etapa importante de mi vida y empecé otra. Con miedo, sí. Pero también con ilusión. Con la sensación de estar viviendo de una forma más coherente conmigo misma. De esta clínica me llevo amigas increíbles y aprendizajes que se quedan conmig...
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  Sobre mí Este espacio se lo debía a mi yo de hace unos años . A la Ana que decidió empezar de nuevo . Soy Ana María Costas , odontóloga, venezolana, madre de dos niños y Persona Altamente Sensible (PAS) . Durante un tiempo me alejé de la clínica y trabajé en oficina para poder dedicar más tiempo a mis hijos. Cuando decidí volver a ejercer la odontología, sabía que sería un reto… pero no imaginé cuánto iba a transformarme por dentro. Al recomenzar me encontré con muchos monstruos internos : inseguridades, miedo, una sensación constante de no ser suficiente. Me aterraba hacerle daño a mis pacientes. Sentía que ellos merecían a alguien con más experiencia, más seguridad, más conocimientos. Yo dudaba de mí todo el tiempo. Busqué en internet testimonios de personas que hubieran recomenzado en la odontología y hubieran sobrevivido emocionalmente. No los encontré. Y ese silencio me hacía sentir aún más sola. Cada situación parecía confirmar mis propias carencias: me sentía ...