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  Reseñas, rabia… y una verdad incómoda Hace unos meses una paciente publicó una reseña en Google con mi nombre y fotos de un tratamiento que yo no había realizado. El mensaje era claro: el resultado era malo. Me dolió. Pero decidí no hacer ruido. O al menos eso pensé. Porque meses después volvió. Y esta vez no volvió como tristeza, volvió como rabia. Una rabia que me sorprendió incluso a mí. Hasta el punto de pensar en devolverle el golpe. No lo hice. Pero ese pensamiento me hizo parar. Porque entendí algo importante: esto no había empezado con la reseña. Había empezado mucho antes. Recuerdo perfectamente la primera vez que vi a esa paciente. Había algo que no encajaba. Su forma de ver el tratamiento y la mía eran muy diferentes. Y aun así, seguí adelante. Porque hay una creencia muy instalada en nuestra profesión: que hay que atender a todo el mundo. Pero con el tiempo he entendido que no es así. No todos los pacientes son para ti. Y tú no eres el profesion...
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Bendito universo… por recordarme lo importante Ayer una persona que conozco hace mucho, pero con la que estoy conectando de otra manera últimamente, me envió un episodio del podcast Calíbrate con Alejandra Llamas sobre cómo vivir desde el amor . No era la primera vez que lo escuchaba, pero esta vez me llevo directamente a un pensamiento que llevaba días rondando en mi cabeza: una reseña negativa que había recibido hace tiempo. Y me hizo darme cuenta de algo que, aunque suene obvio, no siempre vemos: he recibido muchos más mensajes bonitos que negativos. En una de las clínicas donde trabajo, los pacientes reciben encuestas y, al final, tienen la opción de dejar un comentario personal. Y de vez en cuando, alguno de esos mensajes llega. Y me alegra el día. Palabras de agradecimiento, de confianza, de cercanía. Pequeños recordatorios de que lo que hacemos importa. Y aun así, mi mente decidió volver, meses después, a la reseña negativa. Qué curiosa es la mente. Cómo puede a...
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  NO como nueva palabra mágica Un dia escuchando el podcast Calíbrate con Alejandra Llamas , hablaban de cómo el “sí” y el “no” pueden ayudarnos a diseñar nuestra vida. Y me hizo pensar. Pensar en la cantidad de cosas que hago sin querer hacer. Y en la cantidad de explicaciones que doy cada vez que digo “no”. Porque para mí, el “no” nunca ha sido solo un “no”. Siempre ha venido acompañado de una historia: una explicación para justificarlo, para suavizarlo, para que el otro no piense que soy mala persona. Durante mucho tiempo sentí que no podía decir un “no” sin argumentarlo. Como si mi decisión necesitara defensa. Así que empecé a practicar. A decir más veces que no. Y a reducir las explicaciones. Y la verdad… no se sentía tan mal. Hasta que el “no” no lo decía yo, sino que lo recibía. Ahí la historia cambiaba. Un simple “hemos decidido no contar contigo” en mi mente se convertía en un guion digno de novela venezolana (jejeje): “no sirvo para nada”, “...
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  Mi derecho a sentirme ofendida Hubo una época en la que vivía con una sensación constante de miedo. No sabía muy bien de dónde venía ni cómo gestionarla. Con el tiempo entendí que tenía mucho que ver con el síndrome del impostor , pero en ese momento solo sabía que algo no iba bien. En esa búsqueda por entenderme mejor, un día me encontré con un audio del Wayne Dyer . Me llamó la atención su forma de explicar las cosas: sencilla, directa. Y entre todo lo que decía, hubo una idea que se me quedó grabada: muchas personas van por la vida buscando motivos para sentirse ofendidas . Me hizo gracia al principio. Pero después… me hizo pensar. Porque, siendo honesta, así era como yo estaba viviendo. Me sentía víctima de lo que pasaba a mi alrededor. Las situaciones, las personas, el contexto… todo parecía tener la culpa de cómo me sentía. Y desde ahí, claro, tenía todo el “derecho” del mundo a sentirme ofendida. Pero darme cuenta de esto cambió algo. Entendí que, aunque n...
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  Ser PAS Ser una persona altamente sensible es algo que descubrí sin saber que existía. Siempre he sabido que las cosas me afectan mucho, pero lo veía como una debilidad . Así que jamás dejaba ver (o eso creía) cuánto me afectaban realmente. Nunca en mi vida pensé que ser sensible pudiera ser un don . Siempre creí que era una debilidad que tenía que trabajar y, sobre todo, pero sobre todas las cosas, nunca jamás mostrar . Bueno, no hace falta ser adivino para saber que vivir escondiéndote de ti misma no puede acabar bien… y así fue. Llegó un momento en el que mi sistema nervioso colapsó completamente. No podía concentrarme en nada, funcionaba totalmente en automático y dirigía todas mis energías a no sentir lo que sentía. A no llorar cada día camino a la clínica. Hasta que un día, un martes cualquiera, iba con el estómago encogido y el pecho oprimido caminando hacia la clínica, y pasó algo que no tenía previsto. Me encontré con una mamá del cole que se paró a hablar conmi...
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  Vulnerabilidad en la consulta: ¿sí o no? En los últimos años se habla mucho de vulnerabilidad . En liderazgo. En relaciones. En desarrollo personal. Pero cuando trabajas en una profesión sanitaria, la pregunta no es tan simple: ¿Es buena idea ser vulnerable en la consulta? Lo que aprendí sobre vulnerabilidad Hace un tiempo escuché a Brené Brown hablar sobre cómo la vulnerabilidad puede ser una puerta al crecimiento. Una de sus ideas más potentes es que la vergüenza no sobrevive cuando encuentra empatía . Y eso es cierto. Compartir nuestros miedos en un entorno seguro puede aliviar, conectar y humanizar. Pero hay una parte de la conversación que a veces se simplifica demasiado. Cuando la vulnerabilidad no es crecimiento Hubo una etapa de mi vida en la que yo tenía una gran necesidad de conexión. Buscaba empatía. Si alguien compartía algo personal conmigo, yo también me abría. Sin filtro. Sin preguntarme si ese era un espacio seguro. Sin preguntarme si la otra per...
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ACEPTALO   Aceptar no es aplaudir lo que estás viviendo. No tiene que gustarte. Puede que no quieras estar ahí. Puede que estés triste, enfadado, decepcionado. Y tienes derecho a sentirlo. Más aún: si ha llegado a tu vida, probablemente te toca atravesarlo. Lo que no puedes hacer es instalarte ahí. Porque hay una verdad incómoda: si te peleas con la realidad, la realidad siempre gana. El primer paso para cualquier progreso no es el optimismo. Es la aceptación . Aceptar: – Lo que estás viviendo. – Lo que estás sintiendo. – El punto exacto en el que estás. Desde ahí sí puedes planificar salidas. Buscar enfoques nuevos. Pedir ayuda. Tomar decisiones. Pero si te quedas en el “no es justo”, en el “no es mi culpa”, en el “esto no debería estar pasando”… Puede que el papel de víctima te alivie un rato. Pero no construye nada. Y además, agota. Piensa en esa persona que siempre te cuenta lo horrible que le pasa. Sales de esa conversación drenado. Vivir ahí no tra...