Reseñas, rabia… y una verdad incómoda Hace unos meses una paciente publicó una reseña en Google con mi nombre y fotos de un tratamiento que yo no había realizado. El mensaje era claro: el resultado era malo. Me dolió. Pero decidí no hacer ruido. O al menos eso pensé. Porque meses después volvió. Y esta vez no volvió como tristeza, volvió como rabia. Una rabia que me sorprendió incluso a mí. Hasta el punto de pensar en devolverle el golpe. No lo hice. Pero ese pensamiento me hizo parar. Porque entendí algo importante: esto no había empezado con la reseña. Había empezado mucho antes. Recuerdo perfectamente la primera vez que vi a esa paciente. Había algo que no encajaba. Su forma de ver el tratamiento y la mía eran muy diferentes. Y aun así, seguí adelante. Porque hay una creencia muy instalada en nuestra profesión: que hay que atender a todo el mundo. Pero con el tiempo he entendido que no es así. No todos los pacientes son para ti. Y tú no eres el profesion...