NO como nueva palabra mágica
Un dia
escuchando el podcast Calíbrate con Alejandra Llamas, hablaban de cómo el “sí”
y el “no” pueden ayudarnos a diseñar nuestra vida.
Y me hizo
pensar.
Pensar en la
cantidad de cosas que hago sin querer hacer.
Y en la cantidad de explicaciones que doy cada vez que digo “no”.
Porque para
mí, el “no” nunca ha sido solo un “no”.
Siempre ha
venido acompañado de una historia:
una explicación para justificarlo, para suavizarlo, para que el otro no piense
que soy mala persona.
Durante
mucho tiempo sentí que no podía decir un “no” sin argumentarlo.
Como si mi decisión necesitara defensa.
Así que
empecé a practicar.
A decir más
veces que no.
Y a reducir las explicaciones.
Y la verdad…
no se sentía tan mal.
Hasta que el
“no” no lo decía yo, sino que lo recibía.
Ahí la
historia cambiaba.
Un simple
“hemos decidido no contar contigo”
en mi mente se convertía en un guion digno de novela venezolana (jejeje):
“no sirvo para nada”,
“no soy suficiente”,
“no valgo”.
El problema
no es el “no”.
Es el
significado que le doy.
En el libro Go
for No! hablan de cómo cada “no” te acerca a un “sí”.
De hecho, lo plantean casi como un objetivo: salir a buscar esos “no”.
Y tiene
sentido.
Porque si el
“no” deja de ser un juicio sobre quién eres
y pasa a ser simplemente parte del camino…
todo cambia.
Hoy sigo en
ese proceso.
Aprendiendo
a decir no sin culpa.
Aprendiendo a recibir no sin drama.
Porque quizá
el “no” no es el problema.
Quizá es una
herramienta.
Una bastante
poderosa.

Comentarios
Publicar un comentario